Hay un tópico bastante extendido entre la gente del surf que dice que el surfista es alguien “especial”. Una persona que vive en comunión con la naturaleza, que siente el océano… una especie de asceta místico con rastas, para entendernos.
El caso es que, aunque puede que haya alguno por ahí que se parezca a esta descripción, lo que me suelo encontrar en el agua se parece más a lo del vídeo de arriba. De hecho os voy a transcribir aquí una conversación que tuve el “placer” de escuchar el sábado pasado mientras estaba en el agua:
Surfer one: “Buah, has visto lo de Haití. Qué pasada.”
Surfer two: “Sí tío. Además, por lo que he oído, con la movida del terremoto ese salían unas olas de puta madre.”
Surfer one: “¿Sí? Buah, no me digas.”
Surfer two: “Sí tío. Y eso en el Caribe. O sea, que ya te puedes imaginar… El agua calentita…“
Llegado a este punto de la conversación, el exceso de sangre que se me fue acumulando en la cabeza hizo imposible el entender el resto del razonamiento de este par de individuos. Lo único que espero es que sus deseos se cumplan y logren estar la próxima vez en el agua en el epicentro de un terremoto. Lo deseo casi tanto como ellos.



