
Rabia, pena y una sensación de vacío increíble es lo que me queda después de ver la película. Salí de la sala como si me hubiesen dado una paliza. Como si lo que vi en la pantalla, lo hubiese vivido. Se me olvidó por completo que estaba en un cine. Supongo que es lo mejor que se puede decir de una película.
Para los que como yo no saben quien fue Salvador Puig (me cago en el puto sistema educativo que me enseñó a saber qué era un australopithecus y nada de la Guerra Civil ni de la dictadura), tan sólo decir que fue un militante anarquista en un tiempo muy jodido para serlo y que terminó pagándolo con su vida. Adjudicándose con esa muerte el dudoso honor de ser el último ajusticiado mediante la técnica del garrote vil en este país (más en la Wikipedia).
En fin, que me cago en toda la gente que salió del cine como si hubiera visto Piratas del Caribe y que me hicieron pensar en poner una bomba y en todo este puto país que, por ignorante, comodón, falto de visión y caín ha sido capaz de vivir 40 años una dictadura y no aprender una puta mierda.
Enlaces relacionados: Galería de fotos de la peli en Flickr, Blog de Manuel Huerga (por los comentarios, hay a alguno que no le parece demasiado bien la peli).
L. dijo en los comentarios:
Me va a llevar un tiempo asimilarlo. Una parte de mí sigue sentada en esa butaca. Esta película es dolorosa. Irrespirable, dice Torreiro en El País. Irrespirable es la palabra. Insoportable también lo es. Es el retrato del miedo y de la sinrazón. Sin medias tintas. Una lección.
Corred a verla, seréis mejores.
Sonando: Leonard Cohen – Suzanne
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