
Cuando se tiene un dominio de la iluminación tan grande como el que demuestra poseer Guido Mocafico y tienes la posibilidad de fotografiar a tantas serpientes como te de la gana, el resultado tiene que ser bestial a pelotas. Por fuerza.
Claro, que siempre se le puede poner un pero. A ver Guido, ya que tenías la materia prima ¿qué trabajo te hubiera costado quitar la cámara de fotos del trípode y cambiarla por una de vídeo? Es que me imagino un plano fijo de esos bichos moviéndose y me estremezco y tó.







