
Otro año más con la misma cantinela. Bueno no, esta vez también se va a acabar el mundo. Tienes hasta el 21 de diciembre. Que lo sepas.
En fin, lo dicho. Feliz 2012. Feliz déjà vu.
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Otro año más con la misma cantinela. Bueno no, esta vez también se va a acabar el mundo. Tienes hasta el 21 de diciembre. Que lo sepas.
En fin, lo dicho. Feliz 2012. Feliz déjà vu.

© Foto: La Leno
Ciudades como Pyongyang, Shenzhen o Jerusalén y países como Birmania son los escenarios retratados en los comics de Guy Delisle.
Guy aprovecha sus estancias en esos lugares por motivos de trabajo para retratar con ojos de forastero lo que por allí ocurre. Lo bueno es que no denuncia ni hace críticas. Él solo mira y refleja lo que ve. Y lo que ve es tan diferente, tan peculiar y, en algunos casos, tan absurdo, que da para escribir libros a porrillo.
Si no sabéis qué regalar estas navidades, Guy os lo pone fácil.
28 diciembre, 2011
Categorias:
Personal, Política
Etiquetas:
crónicas birmanas, crónicas de jerusalén, guy delisle, Libros/comics, pyongyan, shenzhen
Resulta que, por cosas de la vida, últimamente nos vemos obligados en casa a buscar productos ecológicos y demás historias y, como todo el mundo sabe, todo lo que busques y no encuentres en ningún otro lado, es probable que esté (a un precio exageradamente elevado) en el supermercado del cortinglés. Así que allí nos fuimos.
Sin embargo, cuál fue mi sorpresa al darme cuenta qué clase de cabrón desalmado se dedica a pensar los lineales en ese sitio. Os invito a que veáis el vídeo chungo que grabé con el móvil para denunciar semejante ultraje y signo de vileza y maldad. Dadle al play y palideced.
Muchas veces pasa. Llegas a la playa en cuestión porque las previsiones son buenas para surfear y falla algo: el viento ha rolado, los fondos no están bien, no hay olas suficientes o hay de más. Pero lo que nos pasó ayer fue novedoso.
Llegamos a la playa sobre la una con un día increíble de sol. Casi de verano. Comimos unos bocatas mientras esperábamos que subiera un poco la marea y, de repente, la playa desapareció. La niebla era tan intensa que ni siquiera en la orilla se veían las olas. Se quedó un tiempo estupendo para hacer fotos, vídeos o incluso, pensar en el argumento para algún corto surrealista mezclando surf y viajes en el tiempo.
Lo dicho, de locos.

Trabajar desde casa mola, pero tiene sus inconvenientes. Aparte de los ya mundialmente conocidos (intentar llevar un horario, lavarse más de una vez a la semana, no picar entre horas…) yo tengo unos pocos más. Para que os hagáis una mejor idea, os invito a escuchar el sonido de mi barrio un día cualquiera:
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Además de las obras y la guardería de abajo (cuando hace bueno, los enanos suben a la terraza), resulta que ahora ha abierto el conservatorio de música aquí al lado. Así que tenemos a futuros maestros en sus comienzos ensayando al piano, el clarinete o, incluso, la trompeta.
Así, reconoceréis, que es difícil concentrarse. GRRR.
Pues ahí las veis. Mis últimas adquisiciones. Unas tazas especialmente diseñadas para empezar el día con la energía acorde a los tiempos que corren.
No están en venta, no voy a hacer más y no voy a sortearlas. Únicamente las pongo para dar envidia porque soy un poco cabrón.

De acero soy de la cabeza a los pies
y el cielo es sólo un trozo de mi piel
(…)
Y no me escondo casi nunca detrás de un cristal
y no me corto cuando quiero volar
abre las alas junto a mí
abre las alas siempre junto a mí.
Que no nos queda tiempo no nos podemos parar
que somos como el viento quién sabe dónde irá
(…)
Eso cantaba Robe de Extremoduro en De acero, la segunda canción del disco Deltoya. Una canción que no tengo ni idea si habrá escuchado alguna vez Kepa Acero, que por aquel entonces tendría 12 añitos. Dudo mucho que el resto de la letra tenga algo que ver con su vida, pero estos primeros versos, tal vez, sí podrían formar parte de su filosofía.
Para los que aún no sepan quién es Kepa Acero, decir que es un tipo capaz de coger carretera y manta (y tablas) y emprender una aventura por 5 continentes buscando 5 olas de clase mundial con la cámara a cuestas para ir documentando su periplo y contarlo al mismo tiempo. Un tipo capaz de volver de ese viaje y, sin apenas tiempo para descansar, agarrar el teléfono y liar a un amigo fotógrafo para recorrer el norte de España en bici buscando olas, viviendo la experiencia de ir despacio, sin prisas, de poder hablar con la gente y empaparse de la cultura local. Algo muy alejado del “llegar, surfear y marcharse sin ver nada”.
La (pen)última aventura de este tipo capaz de tantas cosas, comienza el 21 de agosto con un primer plato consistente en un viaje a Alaska, de un segundo en una parada en Perú y de postre, la Patagonia. Espero que le aproveche el menú a este surfista viajero y aventurero que se ha ganado mi respeto y admiración a base de coraje y tesón y… bah, hay una expresión mucho mejor para eso: echarle huevos.
Habrá que seguir de cerca La última frontera de Kepa Acero.
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