Campañas ¿necesarias?


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El Ministerio de Sanidad y Consumo se está caracterizando últimamente por minar la imagen de los españoles. Es el mayor enemigo de este país. Todas las campañas que se lanzan para crear una imagen de marca de España quedan en agua de borrajas cada vez que esta gente lanza una de las suyas. A ver que mexplico.

En verano les pareció necesario recordar a la gente que bebieran agua y que se pusiera a la sombra a las horas de más calor y ahora vuelven a la carga pidiendo que «evitemos los accidentes» con respecto a los niños.

Ahora hay que imaginarse el guiri de turno que viene a pasar unos días a España. Solete, buen comer y mejores gentes por la calle. Vamos que el tío está encantado cuando llega al hotel. Tan bien está y tan a gustico que se pega un duchazo y enciende la televisión mientras cena. Pero, oh sorpresa, ¿qué ven mis ojos? Una campaña institucional que les dice a los españoles que ¡¡¿¿no dejen a sus niños meter los dedos en los enchufes??!!! Pero qué les pasará a estos españoles para que tengan que hacer una campaña así desde su propio gobierno. Por dios. Si les hacen eso a sus hijos… ¿que no harán a los guiris? Ahora mismo hago el petate y me vuelvo para mi casa. Cagontal.

Es que manda huevos la cosa eh. Pa mear y no echar gota.


11 respuestas a “Campañas ¿necesarias?”

  1. Pues Carlos, creo que eso está pasando también más allá de las fronteras. En Holanda hará cosa de un año creo recordar que se emitió unos días una campaña en la que se recomendaba a la gente ventilar la casa cada día media hora o así, para renovar el aire…
    Lo que no estoy seguro es si era una campaña del gobierno o de alguna organización independiente…

  2. Hay que tener en cuenta el punto de vista de los políticos y el razonamiento que les lleva a hacer estas cosas:

    «Si esta panda de subnormales nos vota, son capaces de cualquier barbaridad»

  3. Yo había pensado esto más de una vez.

    Coincido lo que ha dicho alguien por ahí, realmente creen que somos tontos y que necesitamos que nos expliquen todo. Pero, también creo que desgraciadamente son necesarias estas campañas. Pensar, si no, un momento y seguro que no os cuesta demasiado recordar algún caso en el que alguno de los consejos institucionales habría ido ni que pintado. Sobretodo con los niños, hay que dejarles hacer de todo no se vayan a traumatizar o algo así…

  4. Mira soy un frecuente observador de tu blog, con respecto al post mi opinion es que si las campañas son para prevenir algo, esta perfecto.
    Todo sea para una vida mas sana o mas segura. Estoy a favor de esas campañas y en mi opinion no son por demas de exageradas.
    Un saludo

  5. AAAAHI AMIGO!!!
    SON MAS NECESARIAS DE LO QUE TE PUEDES IMAGINAR, SINO REMITAMONOS A LOS HECHOS.
    LOS ACCIDENTES INFANTILES SON UNA REALIDAD, ASI COMO LA DESHIDRATACION DE LA GENTE MAYOR EN VERANO O LAS MUERTES EN CARRTERA. PUEDE QUE NO SEAMOS GILIPOLLAS PERO NO ESTA DEMAS QUE NOS RECUERDEN DE VEZ EN CUANDO QUE NO HAGAMOS EL GILIPOLLAS.

  6. Cuando yo trabajaba en urgencias, nos llegaban MUCHOS niños que habían bebido lejía, ingerido medicamentos de los mayores, que se caían de grandes alturas… y otras cosas más bestias, algunas con tristes finales.
    A mí no me parece mal el anuncio, aunque entiendo tu punto de vista y sé que parece absurdo que nos recuerden estas cosas.
    Todo el mundo sabe que el tabaco mata, y está escrito en cada paquete de cigarrillos. Y la gente sigue fumando. Eso es lo que a mí me preocupa.

  7. A todos nos han puesto puntos alguna vez. El Estado hace una campaña para evitarlo, y dentro de cuatro días, Coca-Cola hará una campaña recordando lo entrañable que era nuestra infancia, y que si somos la generación de la brecha en la frente, y tal…

    Puntos de vista.

  8. El siguiente texto me lo envió un buen amigo hace un par de años y a pesar de ser un poco largo creo que encaja a la perfección con la idea del post.

    Nosotros viajábamos en coches sin cinturones de seguridad y sin air-bag, hacíamos viajes de 10-12h con cinco personas en un 600 y no sufríamos el síndrome de la clase turista. No tuvimos puertas, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños.

    Andábamos en bicicleta sin casco, eso sin contar con que hacíamos auto-stop. Los columpios eran de metal y con esquinas en pico, y jugábamos a «lo que hace la madre hacen los hijos», esto es a ver quien era el mas bestia. Pasábamos horas construyendo nuestros carros de rodamientos para bajar por las cuestas y sólo entonces descubríamos que nos habíamos olvidado de los frenos.

    Después de chocar con algún árbol, aprendimos a resolver el problema.
    Jugábamos a «churro va» y nadie sufrió hernias ni dislocaciones vertebrales.
    Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo el día, y solo volvíamos cuando se encendían las luces de la calle. Nadie podía localizarnos. Eso si no buscábamos maderas en los contenedores o donde fuera y hacíamos una fogata para asar patatas y contar historias de miedo.

    No había móviles. Nos rompíamos los huesos y los dientes y no había ninguna ley para castigar a los culpables. Nos abríamos la cabeza jugando a guerra de piedras y no pasaba nada, eran cosa de niños y se curaban con Mercromina y unos puntos. Nadie a quién culpar, sólo a nosotros mismos.

    Tuvimos peleas y nos «esmorramos» unos a otros y aprendimos a superarlo. Comíamos dulces y bebíamos refrescos, pero no éramos obesos. Si
    acaso alguno era gordo y punto.
    Estábamos siempre al aire libre, corriendo y jugando.
    Compartimos botellas de refrescos y nadie se contagio de nada. Solo nos contagiábamos los piojos en el cole. Cosa que nuestras madres arreglaban lavándonos la cabeza con vinagre caliente.

    No tuvimos Playstations, Nintendo 64, vídeo juegos, 99 canales de televisión, películas en vídeo, sonido surround, móviles, computadores ni
    Internet.
    Nosotros tuvimos amigos. Quedábamos con ellos y salíamos. O ni siquiera quedábamos, salíamos a la calle y allí nos encontrábamos. Y jugábamos a las chapas, al peón, a las bolas, a la lima, al rescate…, en fin tecnología punta.
    Íbamos en bici o andando hasta su casa y llamábamos a la puerta.
    ¡Imagínense!, sin pedir permiso a los padres, ¡nosotros solos, allá fuera, en el mundo cruel! !Sin ningún responsable! ¿Cómo lo conseguimos?

    Hicimos juegos con palos y balones de fútbol improvisados, y comimos pipas y, aunque nos dijeron que pasaría, nunca nos crecieron en la tripa ni tuvieron que operarnos para sacarlas. Bebíamos agua directamente del grifo, sin embotellar y algunos incluso chupaban el grifo.

    Íbamos a cazar lagartijas y pájaros con la «escopeta de perdigones», antes de ser mayores de edad y sin adultos, DIOS MÍO!! En los juegos de la escuela, no todos participaban en los equipos. Los que no lo hacían, tuvieron que aprender a lidiar con la decepción. Algunos estudiantes no eran tan inteligentes como otros y repitieron curso. ¡Que horror, no inventaban exámenes extra!

    Y ligábamos con las chicas persiguiéndolas para tocarlas el culo, no en un chat diciendo :) :D :P Éramos responsables de nuestras acciones y arreábamos con las consecuencias. No había nadie para resolver eso. La idea de un padre protegiéndonos, si trasgredíamos alguna ley, era inadmisible. ¡Ellos protegían las leyes!

    Tuvimos libertad, fracaso, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello.