La historia de Patas


Mucho se habla en estos días sobre el maltrato a los animales. Casos como el del hijoputa que molía a palos a sus perros en Aguiño o el de los caballos abandonados a su suerte en el caso de corrupción Marbellí, hacen que la gente se empiece a dar cuenta de que algo no funciona en este puto país.

Pero eso es sólo la punta del iceberg. No hace falta encender la televisión para ver cómo nos las gastamos con nuestras mascotas. Basta coger el coche y salir a la carretera. Perros y gatos atropellados son una buena muestra de ello. Puede que la historia de ese perro con las tripas fuera empezara un sábado por la tarde cuando la familia sale de comprar en el Carrefur y se dan de bruces con el perrito simpaticón en el escaparate de la pajarería. «Ohhhhh, qué bonito Papá. ¿Nos lo llevamos? Porfa… nosotros lo cuidamos. En serio«. Así que el padre o la madre, que ni siquiera han sido capaces de enseñar a sus hijos a hacerse la cama por la mañana, lavarse los dientes o a comer con la boca cerrada, deciden que sí, que vale. Que con tal de no aguantar una escena en medio de tanta gente en el centro comercial, se lo llevan. Y ahí empieza el calvario para el pobre perro. Durante dos o tres meses será el dueño y señor. El bicho más querido del mundo. Pero después, el bicho crecerá y dejará de ser divertido. Habrá que sacarlo, darle de comer, bañarlo, llevarlo al veterinario y buscarle sitio para que pase las vacaciones… y eso es demasiado. Así que terminará abandonado en cualquier sitio esperando que un coche termine con su mala suerte o que lleguen un par de buenas personas y vuelvan a darle una vida llena de cariño. Como el caso de Patas.

La historia de Patas podría resumirse con lo dicho anteriormente o incluso peor. Pero eso no lo sabemos. De Patas sabemos a partir de que fuera encontrada abandonada en un polígono, viviendo en un pequeño cojín, débil, desnutrida, recelosa de la gente por los palos que le habían dado, con el ojo derecho bastante mal y con un parásito contagiado por las garrapatas que hacía que no controlase bien sus extremidades. Patas era auténtica carne de cañón… hasta que aparecieron Jorge y Sandra. Dos buenas personas de esas que parece que hayan desaparecido pero que siempre están ahí. Sin pensarlo dos veces cogieron a Patas y a sus problemas, la metieron con mucho cuidado en el maletero de su coche y se la llevaron a casa decididos firmemente a cambiar el destino que la aguardaba y cambiarlo por uno mejor y más justo.

Durante varios meses estuvieron intentando que Patas volviera a confiar en el género humano. Cosa difícil teniendo en cuenta la vida que le había tocado en suerte hasta ese momento. Pero con cariño, atención y, como no, cuidados veterinarios lo consiguieron. Patas se recuperó y Jorge y Sandra junto a la gente de ANNA la buscaron un hogar de acogida en algún sitio donde la quisieran. Muchos quebraderos de cabeza les ha costado ésto. Casi tantos como curarla de sus heridas, pero por fin lo encontraron y Patas vive hoy feliz en Nuremberg.

Me quedo con esta frase de Jorge al recibir unas fotos de Patas en su nuevo hogar:

Esto es lo que pasa cuando recoges a un animal abandonado de la calle y te buscas la vida para conseguirle algo bueno, que te sientes de puta madre.
Lo primero que he visto esta mañana al sentarme en el curro han sido estas fotos (Patas corriendo por prados verdes en su nuevo hogar).
Hoy no hay jefe, ni cliente, ni curro que me joda el dia. Hoy no.

La historia de Patas contada por Jorge (Ponge) puedes leerla en El Mango del Caballo [aquí y aquí].

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5 respuestas a “La historia de Patas”

  1. Que grande eres Cal-lo.

    Muchas gracias, a ver si nos concienciamos todos de lo que es tener un animal en casa y de las responsabilidades que acarrea,y de las alegrias que da.

    Aviso a navegantes:
    Manifestacion en contra del maltrato animal.
    Domingo 1 de Octubre 12:00hrs
    Parque del Retiro ( Madrid )
    Palacio de Cristal

    Cuanto mas seamos mejor

  2. Por cierto,en la mani del sabado tambien estuvimos.Estuvo muy bien,hubo un chico que desde alli mismo llamó al cabron ese de Aguiño y le puso a parir.
    Mucha gente con sus perros y muy buen rollo.