Consecuencias


Mi padre siempre me dijo que hay que ser consecuente con lo que se hace. Toda acción lleva consigo una reacción. Es una de esas verdades «impepinables» de la vida. Lo malo es que hay veces que las consecuencias las pagan otros en lugar del causante del mal.

Por qué cuento toda esta milonga, os preguntaréis. Pues ahora mismo os lo explico. El otro día, el bueno de mrithail, que ya empieza a conocer mis debilidades, me mandó un enlace a esta noticia en la que se dice que, debido a la huelga salvaje de los trabajadores del aeropuerto de El Prat del pasado 28 de julio, un riñón por el que esperaba un paciente en un hospital de Barcelona no pudo llegar a tiempo a su destino.

Según leo, el riñón era de un joven que falleció en un hospital de Sevilla y cuya familia donó sus órganos para poder ayudar a alguna otra persona con un transplante. Una decisión difícil en un momento muy triste y que, por culpa de unos cuantos hijos de la gran puta, no ha servido para nada.

Lo único que espero es que alguno de los que estuvieron en las pistas impidiendo en normal funcionamiento de los vuelos, lea esta noticia y sienta que es culpa suya.


5 respuestas a “Consecuencias”

  1. Algo malo estamos haciendo cuando el principal -y casi único- método de protesta del trabajador es la huelga.