Ella, el icono


Ella, el icono

Lunes por la mañana, empieza a hacer frío porque estamos a 27 de septiembre y se nota. Entre las pocas ganas que tengo de currar y el fresco de la mañana, voy andando por la calle encogido de hombros, con la vista fija en el suelo y pensando en que una pronta acción milagrosa me permita dejar de madrugar y dedicarme a lo que más me gusta en esta vida: tocarme los huevos. Justo cuando dudo sobre qué mano sería la encargada de semejante menester, Ella aparece en escena. Salida de una calle cercana y casi de sopetón, me la encuentro andando a mi lado. Luce melena amarilla oxigenada en la que echo en falta un letrero que ponga «recién pintado». Lleva falda y chaqueta azul marina y, por lo que puedo apreciar, una blusa color ¿blanco roto? con chorreras o algo. En su mano derecha sostiene un cigarrillo cuyo humo aspiro de una bocanada al cruzarme con ella. Cof, cof a primera hora de la mañana. En la izquierda y bien pegado a la oreja, un «aifon».

El «aifon», al contrario que el resto de los mortales, Ella no lo usa únicamente para hablar con una persona al otro lado de la línea. Ella usa el «aifon» para hacer ver a todo aquél que se cruce en su camino, que ella es la que manda. Ella corta el bacalao. No habla, grita. Y no se ríe, se carcajea de manera casi enfermiza. Si a esto le unimos el ruido de las pisadas de sus zapatos, tipi tapa tipi tapa, tenemos a un icono de esta sociedad que detesto en lo más profundo de mi ser. De hecho, cada vez que me cruzo con Ella, que cada vez es más a menudo, me entran ganas de vomitar.

PD: Este es uno de mis iconos más odiados, pero tengo más. Muchos más.


10 respuestas a “Ella, el icono”

  1. Al principio parece una historia de amor, al final odio reprimido (todos lo tenemos).
    Se nota que es lunes.

  2. Yo que tú me andaba con cuidado… del amor al odio hay un paso y eso es algo más que un refrán…
    jur, jur, jur

  3. El síndrome de Belén Esteban, amigo mio. Lo chabacano mola porque te hace más auténtico.
    Prueba el cercanías madrileño un lunes por la mañana ¡te va a encantar!

  4. Ah y se me olvidó comentar la postura de la mano en la que sostenía el cigarrillo. El brazo en postura «perchero» y la mano como si estuviera comprobando si llueve. Vamos, lo más de lo más. Puaj